Hay personas que se llevan dentro, siempre, sin que sea necesario que estemos ya debajo de la misma manta en cualquier cama o sillón de cine improvisados. Hay personas, personas como él, que hacen que te des cuenta de que, de verdad, no hay nadie capaz de sustituirte en ese hueco que tienen guardado para ti. Hay personas que sin hacer nada, simplemente dejando que agarres su mano, te llevan de vuelta a casa, te llevan de vuelta a ti. Hay personas, inalcanzables como él, a las que no necesitas tener al lado para saber que, cuando tengas miedo, tendrán una manta siempre preparada para ti. Hay personas a las que es suficiente mirarles la sonrisa para saber sí sonríen porque tú eres feliz o porque ellos son felices por estar a tu lado.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Con el frío, siempre vuelves.
Mi mundo entero se sostiene sobre esa espalda, y cuando él vuelve y aparece sin más, sin que yo le espere, y se ríe y se queda toda la noche a mi lado y me mira de esa forma suya, como si estuviese contemplando algún espécimen extraño acabado de descubrir, pero que en el fondo le encanta... cuando él vuelve hace que mi mundo entero vuelva a girar y que todo tenga sentido. Cuando él viene y se ríe, sobretodo cuando se ríe, hace que todo parezca sencillo, como si la vida fuese una simple cuesta abajo y tú llevaras deportivas.
domingo, 13 de octubre de 2013
Ojalá me salves.
Dicen que enamorarse es como tirarse de un precipicio sin arnés, desprotegido y sin saber qué habrá al final de esa caída : si el mar, si el suelo o, quién sabe, quizá tengamos suerte y esa caída nunca acabe y nos salgan alas y no nos estrellemos nunca. Dicen que esto no le pasa a todo el mundo, dicen que no cualquiera consigue que te salgan alas.
Yo siempre he dicho que soy como un precipicio, como ese del que te tiras o simplemente te caes y, de pronto, te encuentras en medio de esa caída que tanto miedo nos da, pero que, sin embargo, todos buscamos como al agua el sediento. Siempre he sido precipicio y nunca he conseguido que a nadie le salgan alas. Tampoco lo he necesitado. Pero ahora soy yo la que cae, sin arnés, sin paracaídas, sin cuerdas. Yo nunca había tropezado. Y con él... ojalá tropezara todos los días, y sino me tiro yo. Ni siquiera necesito que consiga nada, yo me invento las alas, el parapente o la cometa. Yo me lo invento todo mientras él pueda inventarme a mí.
viernes, 30 de agosto de 2013
Que le cueste tan poco recuperar a Laura.
Son la 1:30 de la madrugada de un viernes 30 de agosto, el insomnio se adueña de los granos de arena de mi reloj. Hace días que el púrpura reina en mi cara y borra hasta la poca sonrisa que me queda. El recuerdo me invade lentamente, desgarrándome sin avisar, sin pedir permiso; el recuerdo del mismo cansancio, del mismo púrpura, del mismo modo que tienen las cosas de derrumbarse cuando todo parece pintar bien.
Es extraño que, después de tantos años, siga teniendo el mismo miedo, las mismas ganas de huir y el mismo temor a perderlo todo. Es extraño volver a sentirme de aquella manera, que todo aquello vuelva a invadirme, a superarme. Es extraño porque ya he crecido y yo siempre había pensado que, al crecer, el dolor desaparecería. Llevo tantos años esperando este momento, y resulta que vuelvo atrás, que vuelvo a hacerme minúscula, y yo odio empequeñecerme, que me encierren en una urna y tenga que vivir una vida que no me pertenece.
Son la 1:30 de la madrugada de un viernes 30 de agosto y echo de menos a alguien que apenas me conoce, a alguien que no sabe nada de mi púrpura, de mis noches en vela, de mis sueños y de mis pesadillas, de mis letras, de mis miedos. Echo de menos a alguien de quien no conozco sus ruinas, sus cimientos, sus sueños y sus realidades, sus ganas, sus odios.
Y es extraño que quien apenas sabe nada de mí consiga hacerme sentir en casa hablando en plural, es extraño que consiga que la soledad se reduzca, es extraño que consiga que, pequeña, me sienta suficiente.
martes, 23 de julio de 2013
Cuando los kilómetros existen de verdad.
Ya no sé cómo voy a sobrevivir si no puedo imaginarte apareciendo con esos aires tuyos detrás de algún rincón. No sé cómo voy a sobrevivir sin imaginarte aparecer agarrándome por la cintura un día cualquiera que yo voy con prisas a alguna parte donde no vas a estar tú. No sé cómo voy a acostumbrarme a no imaginarte apareciendo de nuevo y confesando que necesitas mi motor, que necesitas mi alegría, mis ganas de vivir.
Es extraño porque, desde el primer momento en que tú empezaste a dibujarme un futuro, yo asumí que ese futuro nunca iba a tener lugar, y aún así lo creí, creí que habría ático y café con tostadas y bocadillos de jamón y canciones en la madrugada y despertares a zarandeos, creí que habría Sasha y que iba a convertirme en un horizonte que nunca acaba. La vida era más fácil cuando yo creía que me había convertido en tu horizonte, en tu futuro. La vida se hacía sencilla cuando yo me imaginaba sustituyendo el vodka, jamás el tabaco.
En realidad, siempre estuve imaginando, imaginándote sin golpes e imaginádonos sin escondernos, imaginándome a tu lado, con arrugas y poco vida que pintar. Ahora ya sólo me queda imaginarte feliz y bueno, viviendo esa vida que tanto te has empeñado en alcanzar, lejos de mí, pequeña tuya, lejos de nuestras lluvias.
jueves, 11 de julio de 2013
наркотик
Yo simplemente te vi, te vi otra vez así, tan azul, tan grande, tan tú, que sentí la necesidad de necesitarte, sentí que eras tú quien tenía que salvarme, salvarme del agujero, del túnel. Qué típico ¿no? Pero no, tú no eres nada típico, tú has tenido que enfadarte conmigo, pero esta vez, lo reconozco, toda la culpa es mía. Ya te lo dije (o tal vez no), te echo de menos, o quizá sólo echo de menos tú olor a tabaco y tus manos rugosas moldeando cada palmo de mi cuerpo, milímetro a milímetro, convirtiendo mis vértices en parte de tus lados. Quizá sólo echo de menos la manera en que te recostabas en el marco de la puerta y yo sentía que me convertía en tu horizonte, un horizonte desnudo, un horizonte sin prisas, un horizonte sin miedo. Quizá y sólo quizá, lo que echo de menos es sentir que me llevas a casa sana y salva, que me he librado una vez más, que ha pasado un día más y yo sigo entera, que no me falta ningún cachito, que nadie tiene que llorarme. Sentir que tú eres el responsable de que yo pueda seguir teniendo dudas, teniendo miedo, teniendo sueños.
viernes, 28 de junio de 2013
De tiempos de frío. De un noviembre demasiado lejano.
Tantos días, tantas calles, tantos cielos sin tus manos. Y de pronto apareces y ni siquiera sé si eres ese sueño que se repite. Con mi mano en tu cintura y mis ojos puestos en un ayer más que incierto escucho esa voz tuya que suena a vodka y a tabaco, que suena a fuerza y a dolor, esa voz tuya que todavía me enamora , esa voz tuya que transforma el pasado en algo más que simple ceniza. Rodeada de este bosque que ha perdido las hojas, del humo que desprende tu cigarro, vuelvo a sentirme como aquella que un día huía, como aquella que un día tuvo que ser fugitiva de algo que ni siquiera entendía.
martes, 25 de junio de 2013
¿Con eme de qué?
Durante aquellos meses hiciste muchas promesas y yo... yo pensaba que las cumplirías, te ponías tan serio cuando me mirabas y con voz grave me decías "te lo prometo, Laura" que era imposible dudar de ti. Estuviste mucho tiempo sin romper ninguna, me lo recordabas cada día. "Tranquila, te lo prometí, no pasará nada" me decías cada vez que a mí me invadían los miedos.
No sé exactamente cuántos días pasaron hasta que rompiste la primera, pero fue algo que nunca te tuve en cuenta, te perdoné al instante. Esa promesa... yo la consideraba imposible de mantener, nunca la tomé en serio, siempre pensé que sería yo misma la que te obligaría a romperla. Es cierto, en esto último me equivoqué, y lo agradezco, porque así nunca tuve que sentirme culpable.
Recuerdo que te pasaste días sin ser, sin estar, sin existir, llorabas y lo admitías, no eras tú, no eras nadie. Creo que te sentías culpable, la culpa me dejó libre a mí para invadirte a ti, que me habías fallado decías, aunque yo nunca lo sentí así. "Tengo que verte, tengo que darte algo, no puedo romper más promesas" y apareciste con rosas rojas, como siempre. Ahora ya no tolero que me regalen rosas rojas, las rosas rojas son tuyas, te pertenecen, llevan tu nombre. Aquel día yo sentí que nunca me había equivocado, decías que me lo habías prometido, rosas rojas a cambio de algo, ahora no recuerdo de qué, y yo ni siquiera lo recordaba, no recordaba esa promesa porque creo que llegó un día en que a mí no me hacía falta que me prometieras nada, confiaba en ti, con los ojos cerrados, en cada palabra que me decías, sin dudas, sin miedo. Aquel día supe que no romperías ninguna más, supe que estarías siempre.
Me equivoqué. Sí, esta vez sí. Después de 19 meses me encuentro de frente con tu espalda. Sí que has roto tus promesas, una a una, poco a poco, haciéndome daño sin que ni siquiera me diera cuenta. Supongo que cuando uno empieza ya no puede parar. Lo que me duele ahora es lo fácil que te ha resultado perderte. Lo que me duele ahora es que la chica de las no-promesas sigue manteniendo la suya.
No sé exactamente cuántos días pasaron hasta que rompiste la primera, pero fue algo que nunca te tuve en cuenta, te perdoné al instante. Esa promesa... yo la consideraba imposible de mantener, nunca la tomé en serio, siempre pensé que sería yo misma la que te obligaría a romperla. Es cierto, en esto último me equivoqué, y lo agradezco, porque así nunca tuve que sentirme culpable.
Recuerdo que te pasaste días sin ser, sin estar, sin existir, llorabas y lo admitías, no eras tú, no eras nadie. Creo que te sentías culpable, la culpa me dejó libre a mí para invadirte a ti, que me habías fallado decías, aunque yo nunca lo sentí así. "Tengo que verte, tengo que darte algo, no puedo romper más promesas" y apareciste con rosas rojas, como siempre. Ahora ya no tolero que me regalen rosas rojas, las rosas rojas son tuyas, te pertenecen, llevan tu nombre. Aquel día yo sentí que nunca me había equivocado, decías que me lo habías prometido, rosas rojas a cambio de algo, ahora no recuerdo de qué, y yo ni siquiera lo recordaba, no recordaba esa promesa porque creo que llegó un día en que a mí no me hacía falta que me prometieras nada, confiaba en ti, con los ojos cerrados, en cada palabra que me decías, sin dudas, sin miedo. Aquel día supe que no romperías ninguna más, supe que estarías siempre.
Me equivoqué. Sí, esta vez sí. Después de 19 meses me encuentro de frente con tu espalda. Sí que has roto tus promesas, una a una, poco a poco, haciéndome daño sin que ni siquiera me diera cuenta. Supongo que cuando uno empieza ya no puede parar. Lo que me duele ahora es lo fácil que te ha resultado perderte. Lo que me duele ahora es que la chica de las no-promesas sigue manteniendo la suya.
martes, 4 de junio de 2013
Querido Vallés:
Ojalá hubieras desaparecido.
Ojalá te hubieras ido del todo.
Ojalá no hubiera conocido quien eres, como es tu cara y cual es tu manera de hacerme daño.
Ojalá me hubieras dado la oportunidad de idealizarte, de imaginarte de la manera en que yo quería que fueras.
Ojalá, al irte, te hubieras llevado todas tus cosas: tus fotos, tus toallas, tu poca risa y tu mucha mentira, en definitiva, todas las cosas que hacen daño.
Ojalá hubieras desaparecido una noche y no hubieras vuelto por la mañana.
Ojalá hubieras tenido el valor de quitarte del medio.
Ojalá, porque ahora las cosas serían mucho más fáciles, porque ahora no tendría que lidiar con tu risa a través del teléfono ni tampoco con tu cara de amargo algunos de los días que me armo de valor y asumo el riesgo de tenerte enfrente.
Ojalá, porque ahora, de alguna u otra forma, te querría, te echaría de menos y hace tiempo que te habría perdonado. Y no me habrían hecho falta ni un "lo siento" ni un gesto ni un detalle que nunca llegarán.
Ojalá te hubieras ido.
Ojalá hubieras desaparecido, te hubieras desvanecido, esfumado, desintegrado en esa niebla que dejas al pasar, en esas manchas de la pared, en el eco de una risa que huele a mentira, en los rescoldos de tardes frente a los fogones, en los papeles que llevan escrito tu nombre, en la parte trasera de un DNI, en todo este amor que tenía guardado para cuando cambiaras.
Ojalá te hubieras ido del todo.
Ojalá no hubiera conocido quien eres, como es tu cara y cual es tu manera de hacerme daño.
Ojalá me hubieras dado la oportunidad de idealizarte, de imaginarte de la manera en que yo quería que fueras.
Ojalá, al irte, te hubieras llevado todas tus cosas: tus fotos, tus toallas, tu poca risa y tu mucha mentira, en definitiva, todas las cosas que hacen daño.
Ojalá hubieras desaparecido una noche y no hubieras vuelto por la mañana.
Ojalá hubieras tenido el valor de quitarte del medio.
Ojalá, porque ahora las cosas serían mucho más fáciles, porque ahora no tendría que lidiar con tu risa a través del teléfono ni tampoco con tu cara de amargo algunos de los días que me armo de valor y asumo el riesgo de tenerte enfrente.
Ojalá, porque ahora, de alguna u otra forma, te querría, te echaría de menos y hace tiempo que te habría perdonado. Y no me habrían hecho falta ni un "lo siento" ni un gesto ni un detalle que nunca llegarán.
Ojalá te hubieras ido.
Ojalá hubieras desaparecido, te hubieras desvanecido, esfumado, desintegrado en esa niebla que dejas al pasar, en esas manchas de la pared, en el eco de una risa que huele a mentira, en los rescoldos de tardes frente a los fogones, en los papeles que llevan escrito tu nombre, en la parte trasera de un DNI, en todo este amor que tenía guardado para cuando cambiaras.
domingo, 2 de junio de 2013
Sábado de un mes de marzo.
De
pronto otra vez su mano sobre la mía, su cara tan cerca. De pronto otra vez su
calor y su risa inundando cada poro de mi piel. Abrir los ojos y otra vez tan
cerca, tan suave, tan tierno. Y perder la noción del tiempo, perderme en cada
uno de los lunares que, como yo quisiera, marcan uno a uno cada palmo de su
piel.
Y así,
sin darme apenas cuenta, recuperarlo lentamente, cada segundo perdido, cada
sonrisa escondida, cada caricia, cada abrazo y cada beso que se quedaron a
medias. Y así, como tanto había esperado, sentir que su olor vuelve a formar
parte de mi ser, que la espalda donde se mantiene en pie mi mundo nunca se ha
marchado. Y de alguna manera que no necesito comprender ser feliz unos
instantes, comprender que la vida se trata de eso, de aprovechar los instantes,
de dejar las lágrimas a un lado y disfrutar de la manera en que se revuelve
soñoliento entre las mantas.
domingo, 12 de mayo de 2013
Quiéreme.
Te diría que no sé cómo ni por qué, pero que me he vuelto loca; que estoy loca por ti y que me da igual todo. Te diría que no tengo paciencia y que el tiempo es mi mayor enemigo, pero que si tengo que ponerle buena cara se la pongo. Te diría que no tengo prisa, que sólo quiero que sepas que sé lo que quiero y que estoy aquí. Te diría también que sé que no soy la única a la que le tiemblan las piernas cuando estamos juntos y que sé que me he convertido, al menos, en una pequeña curiosidad para ti. Te diría que estoy segura, que no he ido tan en serio con nadie en toda mi vida. Te explicaría lo mucho que me gusta que me mires y sonrías, lo feliz que soy cuando te giras, me miras, me preguntas y a mí se me olvidan hasta las palabras. Te diría que estas cosas pasan, que vale la pena, que no deberíamos quedarnos con esa sensación de vacío que dejan los 'casi'. Te diría que no voy a irme, que no me rindo, que soy cabezota y que no me canso con facilidad. Te diría que soy todo lo que ves, que no hay nada más detrás. Te pediría que te dejaras enamorar, que ponerlo difícil no sirve de nada, que hay que hacer caso a lo que se siente. Te diría que las cosas no pasan porque sí, que te entiendo, pero que aún así creo que saltar al vacío siempre vale la pena.
Te diría, en definitiva, que quiero que te quedes conmigo, que me dejes convertir tus segundos en minutos, tus minutos en semanas; que quiero mostrarte como se ve la vida desde mis ojos, que el caos es el mejor no-invento del hombre. Te agarraría la mano y te demostraría que cuando me miras se te olvida todo lo demás.
Te diría, en definitiva, que quiero que te quedes conmigo, que me dejes convertir tus segundos en minutos, tus minutos en semanas; que quiero mostrarte como se ve la vida desde mis ojos, que el caos es el mejor no-invento del hombre. Te agarraría la mano y te demostraría que cuando me miras se te olvida todo lo demás.
sábado, 4 de mayo de 2013
Amor prehistòric.
Surts i ho fas cercant-me ansiós, amb pressa , sense saber que sóc aquí, veient de quina manera m'he convertit en una petita curiositat dins tu, veient de quina manera acceptes que et sents de la mateixa manera que em sento jo. Em trobes i em mires i la teva cara canvia, i encara m'agrades més així, i mira que és difícil.
Ets aquí, tan aprop, ho veig tot tan clar, tan senzill, al meu abast, només he de botar, botar les tanques i, una vegada dins, aconseguir que vulguis tirar-les a terra, llevar-les per sempre. I ho tenc tan decidit, el negre ja ha fugit, ja no queden ombres, tot és llum, tot és fàcil.
M'agrada tan que et giris, que em miris amb els teus ulls clars, que em demanis i que la meva resposta sigui sempre "sí".M'agrada tant que no hi hagi opció per mi, així no hi ha dubtes, que els dubtes fan molta por. I m'agrada tant baixar i que em miris per darrera i intentar esbrinar què és el que estàs pensant, què és el que ara diràs. M'agrada tant això, això que no sé què és perquè encara no és res. M'agrada tant imaginar en què ho convertirem. M'agrades tant tu. M'agrado tant jo quan estic amb tu.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Cartas para explicarte.
Querido Héroe, querido Villano,
quería contarte que ahora me hablas y ya no me tiemblan las piernas. Te escribo para explicarte cómo has dejado de aparecer en mis sueños para dejar paso a nuevos vendavales.
Me hablas y sólo tengo ganas de contarte que ha aparecido alguien que ha conseguido algo más de lo que conseguiste tú. Me hablas y yo sólo quiero abrazarte y darte las gracias por dejarme libre, por decidir aquel día dejarme vivir.
Ha pasado tanto tiempo ya de aquello... No sé desde dónde empezar a contar, si desde los inicios o desde los finales. Siempre he considerado una tontería que se conmemoren los 100 o 200 años de la muerte de algún ilustre ser humano, por lo que creo que empezaré a contar desde los inicios: un 4 de abril. Después de más de dos años y de, aunque suene ruin, haberte olvidado a base de enamorar a otros, me siento por fin liberada del todo, capaz de mirarte a la cara y decirte que no hay nada que puedas hacer.
En este desorden que es mi carta, quería contarte que soy feliz, que llevaba tanto tiempo perdida en mi mal humor que había perdido la noción del tiempo y me había olvidado de lo maravilloso que es sonreír. En este caos de palabras que resbalan de mis dedos quería contarte que, aunque agotada, aunque perdida, aunque asustada, me siento estupendamente viva, estupendamente auténtica.
Me hablan de amor, de que el amor todo lo cura y nos hace sentir vivos. Todavía me acuerdo de cuando tú hablabas de amor, de lo mucho que te empeñabas en decir que era una farsa, que era algo que nos habíamos inventado las personas para ser un poco más felices, pero también me acuerdo de la lucecita que aparecía en aquellos ojos cuando yo me ponía cabezota y te insistía, y te decía que sin amor no seríamos nada, que amor éramos nosotros, que sí que existía, que estaba segura. Me pregunto si en algún momento te llegué a convencer, me pregunto si ahora estás por fin convencido y algún día vas a llamarme para decirme que sí, que yo tenía razón (como tantas otras veces).
Me gustaría poder explicarte como me siento, de qué manera me tambaleo ahora, sin malos de por medio. Me gustaría tanto poder hablarte claro y decirte qué es exactamente lo que siento, pero no, no puedo porque no lo sé, lo único que sé es que desde hace poco menos de dos semanas mi vida ha cambiado por completo, lo único que sé es que soy feliz, es que no paro de sonreír. Y estoy tan guapa... Ojalá pudieras verme ahora, ojalá y vieras este cambio, lo grande que se ha hecho mi sonrisa, lo mayor y lo fuerte que estoy.
Supongo que te preguntarás qué hago yo escribiéndote sobre esto. Te escribo siempre que me siento feliz, aunque tú no lo sepas, me siento en la obligación de hacerlo. Me hiciste prometerte que sería feliz, y en aquellos momentos lo veía tan difícil, tan lejano... pero ahora lo veo tan sencillo, que necesito contarte que sí, que lo he conseguido, que no sé cuánto durará esta sensación, pero que tengo tantas ganas de vivir...
No tengo más que decirte, sólo quería que supieras lo feliz que soy, lo viva que me siento en el desorden en que he vuelto a convertir mi vida. Sólo quería que supieras que he roto con el orden, para siempre.
No olvides llamarme el día que entiendas que el amor está dentro de ti, y que es eso que te invade sin que te des cuenta. No olvides llamarme el día que entiendas que lo que hacía que no pudieras alejarte de mí era eso y no era yo.
Siempre tuya de alguna de las maneras.
Laura.
quería contarte que ahora me hablas y ya no me tiemblan las piernas. Te escribo para explicarte cómo has dejado de aparecer en mis sueños para dejar paso a nuevos vendavales.
Me hablas y sólo tengo ganas de contarte que ha aparecido alguien que ha conseguido algo más de lo que conseguiste tú. Me hablas y yo sólo quiero abrazarte y darte las gracias por dejarme libre, por decidir aquel día dejarme vivir.
Ha pasado tanto tiempo ya de aquello... No sé desde dónde empezar a contar, si desde los inicios o desde los finales. Siempre he considerado una tontería que se conmemoren los 100 o 200 años de la muerte de algún ilustre ser humano, por lo que creo que empezaré a contar desde los inicios: un 4 de abril. Después de más de dos años y de, aunque suene ruin, haberte olvidado a base de enamorar a otros, me siento por fin liberada del todo, capaz de mirarte a la cara y decirte que no hay nada que puedas hacer.
En este desorden que es mi carta, quería contarte que soy feliz, que llevaba tanto tiempo perdida en mi mal humor que había perdido la noción del tiempo y me había olvidado de lo maravilloso que es sonreír. En este caos de palabras que resbalan de mis dedos quería contarte que, aunque agotada, aunque perdida, aunque asustada, me siento estupendamente viva, estupendamente auténtica.
Me hablan de amor, de que el amor todo lo cura y nos hace sentir vivos. Todavía me acuerdo de cuando tú hablabas de amor, de lo mucho que te empeñabas en decir que era una farsa, que era algo que nos habíamos inventado las personas para ser un poco más felices, pero también me acuerdo de la lucecita que aparecía en aquellos ojos cuando yo me ponía cabezota y te insistía, y te decía que sin amor no seríamos nada, que amor éramos nosotros, que sí que existía, que estaba segura. Me pregunto si en algún momento te llegué a convencer, me pregunto si ahora estás por fin convencido y algún día vas a llamarme para decirme que sí, que yo tenía razón (como tantas otras veces).
Me gustaría poder explicarte como me siento, de qué manera me tambaleo ahora, sin malos de por medio. Me gustaría tanto poder hablarte claro y decirte qué es exactamente lo que siento, pero no, no puedo porque no lo sé, lo único que sé es que desde hace poco menos de dos semanas mi vida ha cambiado por completo, lo único que sé es que soy feliz, es que no paro de sonreír. Y estoy tan guapa... Ojalá pudieras verme ahora, ojalá y vieras este cambio, lo grande que se ha hecho mi sonrisa, lo mayor y lo fuerte que estoy.
Supongo que te preguntarás qué hago yo escribiéndote sobre esto. Te escribo siempre que me siento feliz, aunque tú no lo sepas, me siento en la obligación de hacerlo. Me hiciste prometerte que sería feliz, y en aquellos momentos lo veía tan difícil, tan lejano... pero ahora lo veo tan sencillo, que necesito contarte que sí, que lo he conseguido, que no sé cuánto durará esta sensación, pero que tengo tantas ganas de vivir...
No tengo más que decirte, sólo quería que supieras lo feliz que soy, lo viva que me siento en el desorden en que he vuelto a convertir mi vida. Sólo quería que supieras que he roto con el orden, para siempre.
No olvides llamarme el día que entiendas que el amor está dentro de ti, y que es eso que te invade sin que te des cuenta. No olvides llamarme el día que entiendas que lo que hacía que no pudieras alejarte de mí era eso y no era yo.
Siempre tuya de alguna de las maneras.
Laura.
martes, 23 de abril de 2013
Timbas de felicidad, de olvido.
Que vacíe la maleta de todo lo malo, que la llene de bueno, de sonrisas, de vida. Y mientras tú hablabas, yo te escuchaba con la cabeza, o quizá el corazón, más pendiente de alguna sonrisa que se me cuela entre las rendijas alguna de estas noches.
Que no piense en nadie, que haga lo que quiera, lo que me guste, lo que me haga feliz. Y mientras tú hablabas, yo pensaba en caricias y tobillos y cartas y esa mezcla de nuevo y cambio.
Que viva, que sonría, que soy joven, que tengo que hacer tonterías. Y mientras tú hablabas yo me recordaba haciendo tonterías a penas 24 horas antes.
Que no vale la pena llorar, que hay que vivir, VIVIR en mayúsculas. Y mientras tú me convencías, tener ganas de hablar, de contar, de gritar, de soñar, de imaginar. Tener ganas de explicar de qué manera es capaz de erizárseme la piel con alguien que es casi un desconocido.
Que no piense en nadie, que haga lo que quiera, lo que me guste, lo que me haga feliz. Y mientras tú hablabas, yo pensaba en caricias y tobillos y cartas y esa mezcla de nuevo y cambio.
Que viva, que sonría, que soy joven, que tengo que hacer tonterías. Y mientras tú hablabas yo me recordaba haciendo tonterías a penas 24 horas antes.
Que no vale la pena llorar, que hay que vivir, VIVIR en mayúsculas. Y mientras tú me convencías, tener ganas de hablar, de contar, de gritar, de soñar, de imaginar. Tener ganas de explicar de qué manera es capaz de erizárseme la piel con alguien que es casi un desconocido.
Querida C:
Ella se había convertido en el faro de guía al que mirar en medio de este vendaval. Ella era los pilares, una superwoman, aunque diga que eso no existe, ella siempre lo ha sido y lo fue, en muchos sentidos, para mí.
Ella tiene magia, tiene vida, aunque no quiera darse cuenta. Ella es capaz de verme brillar en mis peores momentos, cuando me convierto en alguien mediocre, vulgar, totalmente errónea. Ella es capaz de ver mis maravillas incluso cuando yo misma creo que las he abandonado, es capaz de ver cosas en mí que ni siquiera yo sabía que existían.
Y en medio de todo este caos aparece ella que es la calma, aparece ella que me empuja, que me dice que vacíe la mochila, que la llene sólo de aquello que sea bueno para mí, de lo que no me pese en la espalda, de lo que me de vida y me haga sonreír. En medio de todo este desorden aparece ella que me hace llorar sin saber muy bien si lo hago por pena o alegría, por estar con ella o por sentir que la estoy perdiendo.
Ella es una de estas personas mágicas, a la que Albert Espinosa llamaría Amarilla, quizá sí que lo sea, pero yo no quiero que sea efímera, quiero que sea eterna conmigo y convertirme yo en eterna a su lado. Ella es algo más que Amarilla, ella es todos los colores a la vez, ella es luz, ella es familia para mí.
- Estemos donde estemos, siempre serás mi faro. Espero ser algo parecido para ti, al menos una estrella a la que miras con aprecio, a la que miras desde lejos y sintiéndote orgullosa de saber que ha llegado lejos con su resplandor, ese resplandor en el que tienes algo más que un poco que ver. C.
lunes, 22 de abril de 2013
Tanto tiempo perdida en mis tinieblas... Y ahora me reconozco sin que me hagan falta espejos, en el resplandeciente sonido de mi risa, en las ansias de vida que se pasean tranquilas por los caminos de mis dudas, de mis nervios, de mis ganas de cambios. Tanto tiempo perdida en mi mal humor, en mis enfados, que se me había olvidado la maravillosa sensación de libertad que me invade cada vez que lleno de aire los pulmones, la alegría. Me he echado tanto de menos sin ni siquiera darme cuenta que los minutos se me han ido escapando, el reloj de arena hace tiempo que necesita un cambio. Me he echado tanto de menos que ahora me entusiasma verme, me entusiasma admirar de qué manera se me eriza la piel cuando nuevas sonrisas iluminan noches oscuras.
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