martes, 23 de abril de 2013
Querida C:
Ella se había convertido en el faro de guía al que mirar en medio de este vendaval. Ella era los pilares, una superwoman, aunque diga que eso no existe, ella siempre lo ha sido y lo fue, en muchos sentidos, para mí.
Ella tiene magia, tiene vida, aunque no quiera darse cuenta. Ella es capaz de verme brillar en mis peores momentos, cuando me convierto en alguien mediocre, vulgar, totalmente errónea. Ella es capaz de ver mis maravillas incluso cuando yo misma creo que las he abandonado, es capaz de ver cosas en mí que ni siquiera yo sabía que existían.
Y en medio de todo este caos aparece ella que es la calma, aparece ella que me empuja, que me dice que vacíe la mochila, que la llene sólo de aquello que sea bueno para mí, de lo que no me pese en la espalda, de lo que me de vida y me haga sonreír. En medio de todo este desorden aparece ella que me hace llorar sin saber muy bien si lo hago por pena o alegría, por estar con ella o por sentir que la estoy perdiendo.
Ella es una de estas personas mágicas, a la que Albert Espinosa llamaría Amarilla, quizá sí que lo sea, pero yo no quiero que sea efímera, quiero que sea eterna conmigo y convertirme yo en eterna a su lado. Ella es algo más que Amarilla, ella es todos los colores a la vez, ella es luz, ella es familia para mí.
- Estemos donde estemos, siempre serás mi faro. Espero ser algo parecido para ti, al menos una estrella a la que miras con aprecio, a la que miras desde lejos y sintiéndote orgullosa de saber que ha llegado lejos con su resplandor, ese resplandor en el que tienes algo más que un poco que ver. C.
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