martes, 23 de abril de 2013

Timbas de felicidad, de olvido.

Que vacíe la maleta de todo lo malo, que la llene de bueno, de sonrisas, de vida. Y mientras tú hablabas, yo te escuchaba con la cabeza, o quizá el corazón, más pendiente de alguna sonrisa que se me cuela entre las rendijas alguna de estas noches.
Que no piense en nadie, que haga lo que quiera, lo que me guste, lo que me haga feliz. Y mientras tú hablabas, yo pensaba en caricias y tobillos y cartas y esa mezcla de nuevo y cambio.
Que viva, que sonría, que soy joven, que tengo que hacer tonterías. Y mientras tú hablabas yo me recordaba haciendo tonterías a penas 24 horas antes.
Que no vale la pena llorar, que hay que vivir, VIVIR en mayúsculas. Y mientras tú me convencías, tener ganas de hablar, de contar, de gritar, de soñar, de imaginar. Tener ganas de explicar de qué manera es capaz de erizárseme la piel con alguien que es casi un desconocido.

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