Recuerda que en mi vida ya no pintas de ningún color, así que ahórrate el tiempo y el dinero que gastas en llamarme una vez cada dos meses y preguntarme cómo me va todo, porque sabes perfectamente que desde que te eché a patadas todo va genial.
Siento haber tirado por la borda tu hobbie, siento que ya no puedas dedicar tu tiempo libre a joderme la vida.
Ahora si quieres ven a buscarme, toca a mi puerta y grítame lo niñata e inmadura que soy, si quieres ven y dime que mi manera de actuar es propia del síndrome premenstrual y que nunca hago lo correcto ¿Sabes? No haré lo correcto, pero tengo a gente a la que le importo y para la que es importante verme sonreir y te recuerdo que tú sigues tan solo como siempre.
Hay una única cosa de la que me arrepiento: haberme callado la boca tantos años, ojalá te hubiera cerrado la puerta en las narices varios años atrás.
Refrescaré tu memoria diciéndote que a mi no se me compra ni con regalos ni con un billete de cincuenta euros. Diciéndote que un personaje cómo tú no se merece el nombre que me obligaste a ponerte. Recordándote que una niña de catorce años te supera en madurez y valentía y que esta es la última vez que oyes a esta niña llamarte Papá.