domingo, 24 de enero de 2010

Au revoir.

Ya no se puede retroceder, lo hecho hecho está y lo dicho no callará. Jamás pensé que tu corazón pudiera llegar a estar tan vacío, que pudieras llegar a ser tan frío. Ahora ya no sirve de nada venir con excusas baratas sacadas de una peli de estas que empiezan a las once de la noche y que siempre terminan igual. Ya ni te atrevas a mirarme a la cara, no tengas el descaro de pedirme ni exigirme nada, porque sabes, suficientemente bien, que mi facilidad de decirte que no es insuperable. No me critiques ni me reproches absolutamente nada, porque todo lo que he hecho no tiene ni punto de comparación con la mitad de fallos que has cometido. Ya no pienso perder ni un minuto más en gritarte ni en intentar razonar contigo, porque, cómo ya he comprobado, no sirve de nada.
Recuerda que en mi vida ya no pintas de ningún color, así que ahórrate el tiempo y el dinero que gastas en llamarme una vez cada dos meses y preguntarme cómo me va todo, porque sabes perfectamente que desde que te eché a patadas todo va genial.
Siento haber tirado por la borda tu hobbie, siento que ya no puedas dedicar tu tiempo libre a joderme la vida.
Ahora si quieres ven a buscarme, toca a mi puerta y grítame lo niñata e inmadura que soy, si quieres ven y dime que mi manera de actuar es propia del síndrome premenstrual y que nunca hago lo correcto ¿Sabes? No haré lo correcto, pero tengo a gente a la que le importo y para la que es importante verme sonreir y te recuerdo que tú sigues tan solo como siempre.
Hay una única cosa de la que me arrepiento: haberme callado la boca tantos años, ojalá te hubiera cerrado la puerta en las narices varios años atrás.
Refrescaré tu memoria diciéndote que a mi no se me compra ni con regalos ni con un billete de cincuenta euros. Diciéndote que un personaje cómo tú no se merece el nombre que me obligaste a ponerte. Recordándote que una niña de catorce años te supera en madurez y valentía y que esta es la última vez que oyes a esta niña llamarte Papá.

viernes, 15 de enero de 2010


Juguemos a decir que no te quiero, que no me quieres. Juguemos a gritar que nos odiamos, a fingir que no nos echamos de menos. Juguemos a decir que no mentias al decir que conmigo no sonries, a decir que no quieres estar conmigo, que yo tampoco quiero. Juguemos a decir que no me muero por besarte, a decir que no quieres volver a verme. Juguemos a gritar que no hubo nada, a proclamar que jamás existió un nosotros. Y, ahora, dime ¿En qué momento mentiríamos y en que momento diríamos la verdad?

jueves, 14 de enero de 2010

Si quieres sal al mundo y grítale que eres feliz, que estás llena, que tienes todo lo que quieres y que hace semanas que no derramas una lágrima, pero ¿A quién quieres engañar, cariño? Nadie te podrá creer porque ni siquiera puedes engañarte a ti misma, incluso tú sabes que no es verdad lo que dices y sólo mirarte a los ojos descubro todo el temor que intentas camuflar detrás de horas de tonterias y payasadas. Aquí todos sabemos que ni eres feliz ni estás llena ni tienes todo lo que quieres y que la última vez que derramaste una lágrima fue ayer noche, casualmente cada noche cae una lágrima por tu cara, cómo si tu cuerpo te recordara qe echas de menos a cada minuto. Me encantaria que me explicaras por qué actuas como actuas, por qué te arriesgas de esta manera, por qué sigues descargando toda tu impotencia con los que sólo intentan ayudarte ¿Sabes? Ellos no tienen la culpa, tampoco tú la tienes y él tampoco, pasó porque tenía que pasar y punto y no entiendo por qué te empeñas en culparte a cada maldito segundo, si quieres olvida o intenta solucionarlo, mantente al margen, métete en su vida, sigue la tuya, recuérdale si quieres pero no te sigas torturando así, es inútil, no consigues nada porque por mucho que sigas echándote la culpa nada volverá a ser lo de antes ¿Sabes lo que más me duele? Tener que ser yo la que te lo diga, la chica que está en el reflejo de este maldito espejo: tú misma. Y me duele ver que en el fondo ya sabes todo lo que te estoy diciendo pero no tienes ni idea de cómo actuar, de qué decir porque cada vez estás más cerca de ese final que tanto miedo te produce, si es que no ha llegado ya. Y cada vez que te vengas abajo, que te derrumbes, ven aquí, a este espejo y te repetiré lo mismo las veces que haga falta porque, recuerda, soy la única que estará ahí siempre.