jueves, 17 de mayo de 2012

Despedida segunda.

Y resulta que ahora vienes. Vienes yéndote, vienes para avisar de que te vas, así sin más. Sin un porqué, sin un adonde, y dejas, de nuevo, esta sensación extraña que aparece cuando entiendo que los kilómetros existen de verdad. Ahora apareces para decir, tranquilo como siempre, que quizá pasen 2191 días sin el riesgo de encontrate apoyado en la pared o caminando seguro mientras luces esa sonrisa propia de los fuertes.Y te crees con derecho de dejarme sabiendo que ya no vas a mirarme, ni de cerca ni de lejos, y marcharte tranquilo a algún lugar en el que, sin imaginarme siquiera el porqué, algo te espera de nuevo.
Me produce cierta incertidumbre saber que algo vuelve a estar esperando por ti. Me alivia pensar que las armas de alguno de mis sueños, esta vez, no entran en el juego, o eso espero. Pero, de nuevo, me invade esta sensación que no debería si siquiera acariciar las cicatrices que dejaste marcadas en mi piel.
"Я твоя маленька" solía confesarte. Y ahora, por mucho que algunos no lo crean, siento decir que poco tengo de esa pequeña. Hoy no me encojo ni me cubro las espaldas, hoy doy la cara y piso fuerte, como lo hacías tú, como harás dentro de poco. Pequeño gran vencedor, gran pequeño héroe.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Segunda carta sin alas.

No estás aquí y me miras, yo sé que me miras. Me empeño en pensar que me vea, aunque sea, todavía dibujada en tu retina. Y con algo más de intuición que de certeza, yo adivino que me ves cruzar esa calle, doblar una esquina y tú... tú simplemente soríes con esa luz tuya qye me mantiene viva.
Aunque te mantengas más desaparecido que ausente, ausente como antes, sigo intentando encontrar la manera de imaginarte de la forma correcta para que 'desaparecer' deje de existir en tus vidas. "Existimos porque alguien nos imagina" dicen. Yo nunca he dejado de imaginarte. Imaginarte tierno, bueno y fiel. Imaginarte duro, áspero. Imaginarte aquí, cerca, nada más. Y, después de todo, tú sigues perdido entre esa maraña de dudas, de miedos sin reconocer, de obstáculos que tu mismo te pones, mientras yo me he quedado aquí, un escalón por encima para poder ver y, sobretodo, mirar; admirar las maravillas que tú ni eres capaz de soñar que existen, pero que están aquí, justo delante de mis ojos.
Tú siempre tan esquivo, tan animal, tan poco humano. Yo siempre tan mágica, tan ligera, tan errónea. Y juntos formamos una especie de fenómeno sobrenatural que nos mantuvo vivos durante algunos meses. Y ahora tan lejos de tus manos, huyendo de mis expectativas, tengo la suerte de sentirme todavía más viva que en tiepos pasados que se supone que siempre fueron mejores. Ahora perdida en mis laberintos de muchas armas y algunas letras, en mis laberintos de fuerzas, de miedos y de todo eso que ando buscando mientras intento descubrirme a mí misma... ahora sé que mi lugar no está junto al de alguien que sacrifica su mundo; alguien que sacrifica las maravillas del mundo para quedarse con sus desastres, con sus lluvias.

martes, 1 de mayo de 2012

Cartas a una mariposa azul.

Los días han pasado entre comprobaciones y intentos de entender esta metamorfosis tuya que me trae un poco loca. No estoy segura de cuantas semanas has necesitado. Ni siquiera sé si las semanas se han convertido en meses. Pero ese que eras tú ha desaparecido en alguno de esos recobecos donde antes solíamos escondernos. Todavía no comprendo demasiado esta manera de ser tuya, de ahora,  a la que debería llamar mariposa, empiezo a sospechar que, como siempre, has ido al revés y no eres más que una simple oruga, tan vulgar, tan poco pícara.
No creas que pocas veces me he preguntado el por qué de esa tontería, la mía, y puedo asegurarte que muchas veces me ha costado poco encontrar razones que me expliquen esa mirada tonta que solía llevar de complemento. Créeme que no te miento si te digo que entre los rescoldos de alguno de aquellos miedos, he pasado pequeñas y largas horas buscandote, intentando encontrar, aunque fuera, un pequeño rayo de luz, de esos que rebotaban en tu sonrisa.
Supongo que con tu nueva vida eres feliz, eres eso que algún día te epeñaste en que querías ser. Sabes algo de guitarra y, a veces, incluso cantas, supongo que de esa manera que a mí tanto me conmovía. Sales con gente nueva, gente que no sabe de armas ni de servicios militares y que, según lo que me has dicho, deduzco que debe saber poco del idioma que hablan los fuertes, los malos. Recuerdo que no hace mucho te comenté que el pasado, por mucho que sea pasado, no desaparece ni de nuestras vidas ni de nuestra huella. No he cambiado de opinión: somos eso que hicimos, todo lo que sentimos y cada una de las cicatrices que llevamos marcadas en la piel. Tu pasado no es el mío y siento decirte, aunque te duela, que es algo que vas a llevar siempre sobre la espalda. Cuando envejecemos, a pocos se nos nota, pero muchos andamos, en el fondo, algo encorbados por exceso de daños.
Después de pocos días y demasiadas noches, de esconder esa parte tuya, que es mía, en cajas de madera, de releer tus notas y las mías, éste sentimiento y tú, puedo decir por fin, os habéis convertido en recuerdo. No voy a negarte que algunas noches, algunas mañanas y algunas sábanas me provocan cierta nostalgia de ti, pero de ti conmigo. No voy a tratar a este pequeño olvido como una catástrofe, al fin y al cabo no olvido a aquella mariposa que me hizo feliz, sólo a esta oruga pequeña y decaída, con algo más de ilusión de corto alcance, pero con menos vida que pintar. Reconozcamos, sin rencor, sin orgullo y sin miedo, que yo, pequeño motor de tu alegría, me he centrado ya demasiado en otras sonrisas.