Tú. Tú y yo. Tú sin mí. Yo sin tí. Eramos, pero ya no somos. Soñábamos, ahora simplemente descansamos de nuestros días separados. Si tengo que decirte la verdad, todavía duele; todavía se me cruza tu nombre cuando el cielo está gris, todavía se me nubla la vista cuando tengo que admirar sonrisas que no tienen la mitad de luz que tenía la tuya. Sí, tenía, ya no la tiene. A veces, aunque no sea verdad, me gusta pensar que esa luz se fue conmigo, se alejó mientras yo me alejaba y me la he quedado yo.
Yo simplemente espero que te acuerdes de mí, que de vez en cuando mi sonrisa aparezca por tu mente y te atormente, sólo un poco. Yo sólo espero que sigas sonriendo, auque sin tu luz, cuando te acuerdes de nuestros momentos, de nuestra vida.
No sé lo que estoy escribiendo, mis manos se pasean por las teclas de este ordenador desconocido y yo ni siquiera las controlo, no sé lo que quieren decir. Sólo sé que te hablan y te escriben a ti, porque anhelan acariciarte, anhelan el tacto de tu piel y tus manos cayosas enredadas en ellas. Lo confieso, yo también te anhelo.