domingo, 2 de junio de 2013

Sábado de un mes de marzo.

De pronto otra vez su mano sobre la mía, su cara tan cerca. De pronto otra vez su calor y su risa inundando cada poro de mi piel. Abrir los ojos y otra vez tan cerca, tan suave, tan tierno. Y perder la noción del tiempo, perderme en cada uno de los lunares que, como yo quisiera, marcan uno a uno cada palmo de su piel.

Y así, sin darme apenas cuenta, recuperarlo lentamente, cada segundo perdido, cada sonrisa escondida, cada caricia, cada abrazo y cada beso que se quedaron a medias. Y así, como tanto había esperado, sentir que su olor vuelve a formar parte de mi ser, que la espalda donde se mantiene en pie mi mundo nunca se ha marchado. Y de alguna manera que no necesito comprender ser feliz unos instantes, comprender que la vida se trata de eso, de aprovechar los instantes, de dejar las lágrimas a un lado y disfrutar de la manera en que se revuelve soñoliento entre las mantas. 

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