viernes, 3 de enero de 2014

Somos

Eres allí donde yo quiero llegar corriendo, amarrarme y gritar "¡casa!". Porque eres donde me siento a salvo, sí, tú y donde, porque te conviertes en lugar desde el momento en el que me da igual dónde mientras no estés demasiado lejos, quiero decir, no a más de un par de centímetros de distancia. Eres paz, aunque estar en la misma habitación signifique una locura de cojines volando y de ti saltando en la cama intentando evitar que salga corriendo y me esconda de tus brazos, que una vez me han pillado, no me vuelven a soltar. Eres luz, esa luz que aparece cuando crees que ya estabas fuera del túnel, pero no, ¡qué equivocada estaba! Eres eso que todo el mundo necesita sin saber, la solución a esa sensación de vacío inexplicable cuando pensamos que ya lo tenemos todo. Eres. Simplemente eres. Creo que esa es la mejor manera de explicarte. Porque eres todo cuando estás al lado y sonríes sabiendo que a mi se me está pasando algo romántico por la cabeza. Eres. Y es imposible que alguien entienda este mundo que hemos creado entre los dos, este mundo que es vida, que es paz, que es casa. Y porque tú eres, yo soy. Y soy porque poquito a poco vuelvo a brillar, aunque se me escape la vida, aunque se me vayan las ganas. Soy porque a tu lado respiro, me tomo un descanso y me permito ser contigo y con todos los demás. Soy. Eres. Somos. Y el plural siempre ha sonado mejor.