domingo, 13 de octubre de 2013

Ojalá me salves.

Dicen que enamorarse es como tirarse de un precipicio sin arnés, desprotegido y sin saber qué habrá al final de esa caída : si el mar, si el suelo o, quién sabe, quizá tengamos suerte y esa caída nunca acabe y nos salgan alas y no nos estrellemos nunca. Dicen que esto no le pasa a todo el mundo, dicen que no cualquiera consigue que te salgan alas. Yo siempre he dicho que soy como un precipicio, como ese del que te tiras o simplemente te caes y, de pronto, te encuentras en medio de esa caída que tanto miedo nos da, pero que, sin embargo, todos buscamos como al agua el sediento. Siempre he sido precipicio y nunca he conseguido que a nadie le salgan alas. Tampoco lo he necesitado. Pero ahora soy yo la que cae, sin arnés, sin paracaídas, sin cuerdas. Yo nunca había tropezado. Y con él... ojalá tropezara todos los días, y sino me tiro yo. Ni siquiera necesito que consiga nada, yo me invento las alas, el parapente o la cometa. Yo me lo invento todo mientras él pueda inventarme a mí.