A veces me pongo optimista y pienso que tengo suficiente corazón para no dejar que se repita la historia. Las madres hacen todo lo posible para que sus hijas no vivan su vida o, por lo menos, los desastres de esta; yo no soy la madre de nadie, pero, por desgracia y no por suerte, a parte de corazón tengo también algo de consciencia que no me permite seguir adelante y jamás mirar atrás, me hace quedarme aquí, con el trabajo parecido al que tienen los vigilantes de discoteca, a controlar y asegurarme de que no se repite la historia de nuevo, de que he sido, soy y seré la única, la única que mantiene el odio en el interior, la única que tiene que sentir como se pudren la esperanza y el valor.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Nadie lo entiende, cómo puedo considerarla, aceptarla si no tengo motivos, si lo único que me une a ella es puro dolor. Yo a veces tampoco lo entiendo, no entiendo cómo no puedo dejarla atrás, darme la vuelta y machar, pero supongo que tengo algo más de corazón de lo que había supuesto, supongo que no puedo dejarla atrás porque de alguna manera me convertiría en complice del delito ¿qué delito? robarle el orden, no darle la oportunidad de entenderlo y dejarla al margen de su propia vida. Quizá sigo a su lado en un acto puramente egoísta de mantener limpia mi consciencia y no cargar sobre mi espalda el peso de no haber evitado la hecatombe.
sábado, 4 de agosto de 2012
Llista del que no ets.
I de cop i volta tornes a apareixer als meus somnis d'aquella manera que sempre he volgut tenir-te i mai he pogut gaudir-te. I així, sent més mentida que veritat, torn a enyorar-te d'aquesta manera extranya que no suposa cap mal.
Ara que et sento més lluny que mai i que el teu nom no és més que la prova d'un passat viscut, ara entenc que oblidar aquelles paraules és més fàcil del que jo pensava.
Em resulta extrany que ara no siguis res més que algú brillant amb qui tenc certes possibilitats de creuar-me a un carrer i quedar-me sense alè només uns instants.
Em resulta extrany sentir-te tan lluny, sentir que ja no existeixen totes aquelles sensacions, emocions, passions, pors, canvis.
Fa llàstima veure que el Sol se'n va, que ja no t'encalenteix a tu.
És un moment extrany quan obris aquella capsa que tant despertava i veure que ara no és res més que passat, notes passades, imatges irrepetibles.
És extrany que ja no em brillin els ulls, és extrany no somriure, no sentir-me més viva si et veig.
Ara em protegeixo sola, ara ja no et necessito, encara que m'agradaria.
Ara sento que ja no ets més que aquella vida que, jo més que ningú, voldria viure, però que ja he substituit.
Ara que s'acaba aquesta llista de tot allò que ja no ets em sento lliberada, no de tu, sinó de mi amb tu.
Ara que et sento més lluny que mai i que el teu nom no és més que la prova d'un passat viscut, ara entenc que oblidar aquelles paraules és més fàcil del que jo pensava.
Em resulta extrany que ara no siguis res més que algú brillant amb qui tenc certes possibilitats de creuar-me a un carrer i quedar-me sense alè només uns instants.
Em resulta extrany sentir-te tan lluny, sentir que ja no existeixen totes aquelles sensacions, emocions, passions, pors, canvis.
Fa llàstima veure que el Sol se'n va, que ja no t'encalenteix a tu.
És un moment extrany quan obris aquella capsa que tant despertava i veure que ara no és res més que passat, notes passades, imatges irrepetibles.
És extrany que ja no em brillin els ulls, és extrany no somriure, no sentir-me més viva si et veig.
Ara em protegeixo sola, ara ja no et necessito, encara que m'agradaria.
Ara sento que ja no ets més que aquella vida que, jo més que ningú, voldria viure, però que ja he substituit.
Ara que s'acaba aquesta llista de tot allò que ja no ets em sento lliberada, no de tu, sinó de mi amb tu.
viernes, 1 de junio de 2012
El regal del Sol.
El Sol em regala el darrer moment amb màgia del dia i em deixa aquesta sensació de desesperança mentre jo em quedo resignada amb el cap no massa lluny de la finestra que emmarca encara el món que no fa tant imaginava que hi havia fora.
Després de no tants anys i de prou canvis, ara em trobo aquí on mai m'hauria imaginat que estaria, entre centenars de grans d'arena que intensifiquen aquesta sensació que em fa, malgrat anar sempre amb el front alt, avergonyir-me d'alguna de les vegades que les parets es converteixen en refugi.
Després d'intents i negacions d'un futur encara més incert que jo mateixa, em descobreixo perduda entre les meves pipelles, en cada una de les meves pigues. Després de tant i de tan poc, em veig reflectida en aquest mirall d'inseguratats amb una imatge quasi impossible de creure si em veig, més tard, trepitjant fort cap a un destí que ningú coneix.
¿Qui em diria que acabaria necessitant calendaris, necessitant guies i premis? ¿Qui m'anava a dir que un dia em trobaria havent perdut totes les miques de llibertat que sempre vaig mantenir amagades? Tal vegada jo em vaig avisar no fa tant i no, no em vaig creure. Mai m'he cregut el que dic fins que no em trobo endinsada en un trencaclosques al que li falta la peça de la confiança. Hauria de seguir el camí que indiquen les meves pipelles, allà on miren els meus ulls. Hauria de ser més jo i menys ell. Mai he considerat un defecte ser una màgica errònia, però sí ser la que s'amaga darrere els llençols.
jueves, 17 de mayo de 2012
Despedida segunda.
Y resulta que ahora vienes. Vienes yéndote, vienes para avisar de que te vas, así sin más. Sin un porqué, sin un adonde, y dejas, de nuevo, esta sensación extraña que aparece cuando entiendo que los kilómetros existen de verdad. Ahora apareces para decir, tranquilo como siempre, que quizá pasen 2191 días sin el riesgo de encontrate apoyado en la pared o caminando seguro mientras luces esa sonrisa propia de los fuertes.Y te crees con derecho de dejarme sabiendo que ya no vas a mirarme, ni de cerca ni de lejos, y marcharte tranquilo a algún lugar en el que, sin imaginarme siquiera el porqué, algo te espera de nuevo.
Me produce cierta incertidumbre saber que algo vuelve a estar esperando por ti. Me alivia pensar que las armas de alguno de mis sueños, esta vez, no entran en el juego, o eso espero. Pero, de nuevo, me invade esta sensación que no debería si siquiera acariciar las cicatrices que dejaste marcadas en mi piel.
"Я твоя маленька" solía confesarte. Y ahora, por mucho que algunos no lo crean, siento decir que poco tengo de esa pequeña. Hoy no me encojo ni me cubro las espaldas, hoy doy la cara y piso fuerte, como lo hacías tú, como harás dentro de poco. Pequeño gran vencedor, gran pequeño héroe.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Segunda carta sin alas.
No estás aquí y me miras, yo sé que me miras. Me empeño en pensar que me vea, aunque sea, todavía dibujada en tu retina. Y con algo más de intuición que de certeza, yo adivino que me ves cruzar esa calle, doblar una esquina y tú... tú simplemente soríes con esa luz tuya qye me mantiene viva.
Aunque te mantengas más desaparecido que ausente, ausente como antes, sigo intentando encontrar la manera de imaginarte de la forma correcta para que 'desaparecer' deje de existir en tus vidas. "Existimos porque alguien nos imagina" dicen. Yo nunca he dejado de imaginarte. Imaginarte tierno, bueno y fiel. Imaginarte duro, áspero. Imaginarte aquí, cerca, nada más. Y, después de todo, tú sigues perdido entre esa maraña de dudas, de miedos sin reconocer, de obstáculos que tu mismo te pones, mientras yo me he quedado aquí, un escalón por encima para poder ver y, sobretodo, mirar; admirar las maravillas que tú ni eres capaz de soñar que existen, pero que están aquí, justo delante de mis ojos.
Tú siempre tan esquivo, tan animal, tan poco humano. Yo siempre tan mágica, tan ligera, tan errónea. Y juntos formamos una especie de fenómeno sobrenatural que nos mantuvo vivos durante algunos meses. Y ahora tan lejos de tus manos, huyendo de mis expectativas, tengo la suerte de sentirme todavía más viva que en tiepos pasados que se supone que siempre fueron mejores. Ahora perdida en mis laberintos de muchas armas y algunas letras, en mis laberintos de fuerzas, de miedos y de todo eso que ando buscando mientras intento descubrirme a mí misma... ahora sé que mi lugar no está junto al de alguien que sacrifica su mundo; alguien que sacrifica las maravillas del mundo para quedarse con sus desastres, con sus lluvias.
martes, 1 de mayo de 2012
Cartas a una mariposa azul.
Los días han pasado entre comprobaciones y intentos de entender esta metamorfosis tuya que me trae un poco loca. No estoy segura de cuantas semanas has necesitado. Ni siquiera sé si las semanas se han convertido en meses. Pero ese que eras tú ha desaparecido en alguno de esos recobecos donde antes solíamos escondernos. Todavía no comprendo demasiado esta manera de ser tuya, de ahora, a la que debería llamar mariposa, empiezo a sospechar que, como siempre, has ido al revés y no eres más que una simple oruga, tan vulgar, tan poco pícara.
No creas que pocas veces me he preguntado el por qué de esa tontería, la mía, y puedo asegurarte que muchas veces me ha costado poco encontrar razones que me expliquen esa mirada tonta que solía llevar de complemento. Créeme que no te miento si te digo que entre los rescoldos de alguno de aquellos miedos, he pasado pequeñas y largas horas buscandote, intentando encontrar, aunque fuera, un pequeño rayo de luz, de esos que rebotaban en tu sonrisa.
Supongo que con tu nueva vida eres feliz, eres eso que algún día te epeñaste en que querías ser. Sabes algo de guitarra y, a veces, incluso cantas, supongo que de esa manera que a mí tanto me conmovía. Sales con gente nueva, gente que no sabe de armas ni de servicios militares y que, según lo que me has dicho, deduzco que debe saber poco del idioma que hablan los fuertes, los malos. Recuerdo que no hace mucho te comenté que el pasado, por mucho que sea pasado, no desaparece ni de nuestras vidas ni de nuestra huella. No he cambiado de opinión: somos eso que hicimos, todo lo que sentimos y cada una de las cicatrices que llevamos marcadas en la piel. Tu pasado no es el mío y siento decirte, aunque te duela, que es algo que vas a llevar siempre sobre la espalda. Cuando envejecemos, a pocos se nos nota, pero muchos andamos, en el fondo, algo encorbados por exceso de daños.
Después de pocos días y demasiadas noches, de esconder esa parte tuya, que es mía, en cajas de madera, de releer tus notas y las mías, éste sentimiento y tú, puedo decir por fin, os habéis convertido en recuerdo. No voy a negarte que algunas noches, algunas mañanas y algunas sábanas me provocan cierta nostalgia de ti, pero de ti conmigo. No voy a tratar a este pequeño olvido como una catástrofe, al fin y al cabo no olvido a aquella mariposa que me hizo feliz, sólo a esta oruga pequeña y decaída, con algo más de ilusión de corto alcance, pero con menos vida que pintar. Reconozcamos, sin rencor, sin orgullo y sin miedo, que yo, pequeño motor de tu alegría, me he centrado ya demasiado en otras sonrisas.
No creas que pocas veces me he preguntado el por qué de esa tontería, la mía, y puedo asegurarte que muchas veces me ha costado poco encontrar razones que me expliquen esa mirada tonta que solía llevar de complemento. Créeme que no te miento si te digo que entre los rescoldos de alguno de aquellos miedos, he pasado pequeñas y largas horas buscandote, intentando encontrar, aunque fuera, un pequeño rayo de luz, de esos que rebotaban en tu sonrisa.
Supongo que con tu nueva vida eres feliz, eres eso que algún día te epeñaste en que querías ser. Sabes algo de guitarra y, a veces, incluso cantas, supongo que de esa manera que a mí tanto me conmovía. Sales con gente nueva, gente que no sabe de armas ni de servicios militares y que, según lo que me has dicho, deduzco que debe saber poco del idioma que hablan los fuertes, los malos. Recuerdo que no hace mucho te comenté que el pasado, por mucho que sea pasado, no desaparece ni de nuestras vidas ni de nuestra huella. No he cambiado de opinión: somos eso que hicimos, todo lo que sentimos y cada una de las cicatrices que llevamos marcadas en la piel. Tu pasado no es el mío y siento decirte, aunque te duela, que es algo que vas a llevar siempre sobre la espalda. Cuando envejecemos, a pocos se nos nota, pero muchos andamos, en el fondo, algo encorbados por exceso de daños.
Después de pocos días y demasiadas noches, de esconder esa parte tuya, que es mía, en cajas de madera, de releer tus notas y las mías, éste sentimiento y tú, puedo decir por fin, os habéis convertido en recuerdo. No voy a negarte que algunas noches, algunas mañanas y algunas sábanas me provocan cierta nostalgia de ti, pero de ti conmigo. No voy a tratar a este pequeño olvido como una catástrofe, al fin y al cabo no olvido a aquella mariposa que me hizo feliz, sólo a esta oruga pequeña y decaída, con algo más de ilusión de corto alcance, pero con menos vida que pintar. Reconozcamos, sin rencor, sin orgullo y sin miedo, que yo, pequeño motor de tu alegría, me he centrado ya demasiado en otras sonrisas.
viernes, 13 de abril de 2012
Vallés. Sí, en castellano.
Y ahora resulta que lo echo de menos. A él. Al que menos se lo merece. Ahora resulta que cruzo los dedos para que aparezca en algún rincón, allí donde nunca he querido encontrármelo.
Y aunque duela, aunque me cueste entenderlo, aunque no quiera lo anhelo. Mucho. Anhelo esas tardes con prisas, preparando las bolsas, haciendo listas y planeando todo aquello que haría sin deber. Anhelo aquellas tardes-noches en la cocina inventado mil platos, probando mil cosas, que si huevos y queso al puré de patata o láminas de ajo con las salchichas. Anhelo aquellos raviolis con nata, muy espesa, con pimienta y mucha sal. Y también esos desayunos en la cama o tirada en el sofá, magdalenas rellenas o croissants con dulce de leche, o simplemente una ensaïmada o un robiol. Anhelo ver pelis antiguas y jugar al póker y casi siempre ganar. Anhelo dormirme a las tantas con la radio encendida y levantarme a las 3 de la mañana a buscar un Magnum o dos. Anhelo renegociar la hora de llegada y siempre conseguir lo que quería. Anhelo escuchar música de esa que nadie conoce y saberme las letras. Anhelo hasta gritarle, hasta pelearme con él y que el casi nunca se enfade.
Anhelo aquella paz, aquella libertad, aquel aire distinto que respiraba. Anhelo parecerme desgraciadamente a él y que se me note. Simplemente lo anhelo. Y no sé por qué.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
Y aunque duela, aunque me cueste entenderlo, aunque no quiera lo anhelo. Mucho. Anhelo esas tardes con prisas, preparando las bolsas, haciendo listas y planeando todo aquello que haría sin deber. Anhelo aquellas tardes-noches en la cocina inventado mil platos, probando mil cosas, que si huevos y queso al puré de patata o láminas de ajo con las salchichas. Anhelo aquellos raviolis con nata, muy espesa, con pimienta y mucha sal. Y también esos desayunos en la cama o tirada en el sofá, magdalenas rellenas o croissants con dulce de leche, o simplemente una ensaïmada o un robiol. Anhelo ver pelis antiguas y jugar al póker y casi siempre ganar. Anhelo dormirme a las tantas con la radio encendida y levantarme a las 3 de la mañana a buscar un Magnum o dos. Anhelo renegociar la hora de llegada y siempre conseguir lo que quería. Anhelo escuchar música de esa que nadie conoce y saberme las letras. Anhelo hasta gritarle, hasta pelearme con él y que el casi nunca se enfade.
Anhelo aquella paz, aquella libertad, aquel aire distinto que respiraba. Anhelo parecerme desgraciadamente a él y que se me note. Simplemente lo anhelo. Y no sé por qué.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
Un cambio.
Ver su cara ya no hace tanto daño. Ver como aparece con esos nuevos aires y con esas nuevas ganas, esas que conmigo nunca tuvo. De pronto el silencio ya no me desgarra, ya sólo me golpea. Sin doler demasiado, sin llegar hondo.
Todavía no consigo explicarme el motivo de este anhelo, todavía no consigo comprender este nuevo sentimiento que me invade. Espero que me perdone parecerme a él, espero que no me tenga en cuenta estos genes que agarré y que hacen que me comporte igual que él. Con esta disimulada cobardía, con este enorme orgullo, en silencio y sin transmitir nada, pero eso sí: con la cabeza alta, muy alta. Supongo que de esta manera no voy a conseguir lo que quiero, quizá esto tan sólo son niñerías, pero supongo que en algún momento tendría que quedar en evidencia quien tiene 35 años menos.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
Todavía no consigo explicarme el motivo de este anhelo, todavía no consigo comprender este nuevo sentimiento que me invade. Espero que me perdone parecerme a él, espero que no me tenga en cuenta estos genes que agarré y que hacen que me comporte igual que él. Con esta disimulada cobardía, con este enorme orgullo, en silencio y sin transmitir nada, pero eso sí: con la cabeza alta, muy alta. Supongo que de esta manera no voy a conseguir lo que quiero, quizá esto tan sólo son niñerías, pero supongo que en algún momento tendría que quedar en evidencia quien tiene 35 años menos.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
Y me invade la nostalgia cuando, sin ningún tipo de inocencia, me acerco al armario y lo abro siendo plenamente consciente de lo que ando buscando. Aquella chaqueta enorme que conserva aún tu olor. No voy a mentirte, la vida aún se me inunda cuando reapareces en algún recobeco de mi mente con poca ropa y demasiada picardía. Permíteme confesarte que paso largas mañanas perdida entre la inmensidad de alguna de tus promesas. Permíteme que te diga que sigo temblando de miedo como aquel primer día que tuve el descaro de indagar en tus laberintos. Y aún desgarrándome los celos por dentro, aún extasiada de este olor que invade cada hueco de mi cuerpo, me vas a personas que mantenga mi cabezonería y siga diciendo "no, gracias" a ese largo café en la terraza de un ático mientras la vida se dibuja fácil cuando lois agarramos del alma.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
domingo, 12 de febrero de 2012
L.
Libertad, una libertad que quizá no quiero. Bueno sí, sí que la quiero. Pero no debería. No debería jugar con fuego, no debería jugar con los centímetros tan cerca de su piel. Pero, al fin y al cabo, me gustan los juegos.
"¿Cómo no voy a quererte?". Cuatro meses después obtengo lo que quería. Curioso, el número 4 vuelve a repetirse. Y también curioso, vuelvo a escribir, pensando en él. Pensando en quien no debería supongo. En realidad, he conseguido esa sensación exacta que pensaba que tendría al leer esas palabras. La verdad, hacía mucho tiempo que no tenía esta sensación, tan extraña, pero tan placentera, tan mágica. Sí, eso es. Magia. Éramos mágicos, todavía lo somos. Un cigarro compartido, un "sí, me estoy fumando tus babas", veinte minutos, que deberían ser diez, compartidos en un portal, una porción de tarde juntos, unidos del alguna manera extraña. Una cerveza pendiente, mil risas y dos mil todavía pendientes. Y de pronto sorprenderme intentando que mi sonrisa vuelva a ser perfecta para que vuelva a quedarse prendado de ella. Sorprenderme quizá demasiado cerca sin saber con certeza el porqué. Y, de una manera o de otra, tener esa paz. Esa que sólo aparece si él está al lado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)