domingo, 12 de febrero de 2012
L.
Libertad, una libertad que quizá no quiero. Bueno sí, sí que la quiero. Pero no debería. No debería jugar con fuego, no debería jugar con los centímetros tan cerca de su piel. Pero, al fin y al cabo, me gustan los juegos.
"¿Cómo no voy a quererte?". Cuatro meses después obtengo lo que quería. Curioso, el número 4 vuelve a repetirse. Y también curioso, vuelvo a escribir, pensando en él. Pensando en quien no debería supongo. En realidad, he conseguido esa sensación exacta que pensaba que tendría al leer esas palabras. La verdad, hacía mucho tiempo que no tenía esta sensación, tan extraña, pero tan placentera, tan mágica. Sí, eso es. Magia. Éramos mágicos, todavía lo somos. Un cigarro compartido, un "sí, me estoy fumando tus babas", veinte minutos, que deberían ser diez, compartidos en un portal, una porción de tarde juntos, unidos del alguna manera extraña. Una cerveza pendiente, mil risas y dos mil todavía pendientes. Y de pronto sorprenderme intentando que mi sonrisa vuelva a ser perfecta para que vuelva a quedarse prendado de ella. Sorprenderme quizá demasiado cerca sin saber con certeza el porqué. Y, de una manera o de otra, tener esa paz. Esa que sólo aparece si él está al lado.
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