Tú. Tú y yo. Tú sin mí. Yo sin tí. Eramos, pero ya no somos. Soñábamos, ahora simplemente descansamos de nuestros días separados. Si tengo que decirte la verdad, todavía duele; todavía se me cruza tu nombre cuando el cielo está gris, todavía se me nubla la vista cuando tengo que admirar sonrisas que no tienen la mitad de luz que tenía la tuya. Sí, tenía, ya no la tiene. A veces, aunque no sea verdad, me gusta pensar que esa luz se fue conmigo, se alejó mientras yo me alejaba y me la he quedado yo.
Yo simplemente espero que te acuerdes de mí, que de vez en cuando mi sonrisa aparezca por tu mente y te atormente, sólo un poco. Yo sólo espero que sigas sonriendo, auque sin tu luz, cuando te acuerdes de nuestros momentos, de nuestra vida.
No sé lo que estoy escribiendo, mis manos se pasean por las teclas de este ordenador desconocido y yo ni siquiera las controlo, no sé lo que quieren decir. Sólo sé que te hablan y te escriben a ti, porque anhelan acariciarte, anhelan el tacto de tu piel y tus manos cayosas enredadas en ellas. Lo confieso, yo también te anhelo.
sábado, 3 de diciembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Perduda no, perdudíssima.
De no tenir-ne ni idea. De no saber sortir-ne. De sentir un buit enorme, aquí, en mig del pit, i sentir que hi ha ulna ferida oberta, que fa mal, que et fa plorar. I les paraules s'esfumen, ja no tenen cap sentit, tots aquells 't'estim', els 'per sempre' que encara sentim, que tenim encara al cor, als nostres llavis, però que ja no es poden dir, encara que seguirien funcionant, encara que els seguim sentint com fa 5 dies... I ara pareix que tot era mentida, però se que no, perquè aquelles llàgrimes no poden ser mentida. Però ara estic aquí, en algun lloc perdut d'Alemanya, en una classe d'aleman pensant en tot el que m'ha passat, en tot allò que mai hagués imaginat que passaria. I m'invadeix la por, ompl cada espai buit en mi i, de cop i volta, ja no vull tornar a aquella terra que és la meva, perquè em dóna por que al trepitjar-la s'enfonsi baix els meus peus.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
De cómo la distancia no ha existido.
Te veo ahí, tirado, con el mando en las manos y gritandole a la tele y como de vez en cuando te tranquilizas y apartas la vista de ella para encontrarme a mí, sentada en la mesa, concentrada en mis letras y mis palabras, y te piensas que no sé que me estás mirando y sonries, y me gusta pensar que lo haces porque me consideras tu sueño.
Te veo aquí, más cerca, con tus guantes y unas pesas en las manos que deben pesar más que yo. Y te miro, y estoy segura de que no eres consciente, y yo te sigo observando, te miro levantar y bajar el brazo y resoplar, y no voy a decir que es bonito, pero diré que ese tipo duro a veces me conquista un poco más.
Me ves aquí a tu lado, me he tumbado, ya sabes que no me encuentro bien, a veces me miras de reojo, a veces no disimulas y me sonries con esa sonrisa tan tremendamente bonita, a veces interrumpes tus pesas para darme un simple beso que apenas roza mis labios, pero esa es la mejor medicina que podrías darme.
Te veo aquí, más cerca, con tus guantes y unas pesas en las manos que deben pesar más que yo. Y te miro, y estoy segura de que no eres consciente, y yo te sigo observando, te miro levantar y bajar el brazo y resoplar, y no voy a decir que es bonito, pero diré que ese tipo duro a veces me conquista un poco más.
Me ves aquí a tu lado, me he tumbado, ya sabes que no me encuentro bien, a veces me miras de reojo, a veces no disimulas y me sonries con esa sonrisa tan tremendamente bonita, a veces interrumpes tus pesas para darme un simple beso que apenas roza mis labios, pero esa es la mejor medicina que podrías darme.
Y de pronto me invade el miedo, un miedo extraño, que no sé de donde viene, que es demasiado pequeño como para salir corriendo y escapar. Y es un miedo contagiado de felicidad, una felicidad que dura intermitente desde hace algunos meses ya. Me entran ganas de moverme, de hacer mil cosas, esas mil cosas que me asusta haberme perdido, que me asusta no poder volver hacer, aunque una parte de mí no necesite hacerlas, aunque una parte de mí esté bien así.
No me gusta tener miedo, porque no me gusta quedarme paralizada, sin palabras, sin la frase exacta para cada instante. Me entran ganas de gritar, eso es, gritar, gritar lo más fuerte que mi voz pueda, hasta quedarme sin aliento. Y me daría igual, porque ya estaría dicho todo eso que queda por decir.
Es complicado encontrar el equilibrio perfecto entre dos personas, un equilibrio necesario entre sus gustos y los tuyos, entre tus miedos y los que él no tiene, entre tu risa y su enfado, entre tu enfado y su risa. A veces estaría bien que todo fuese más sencillo, que la rutina no tuviera la posibilidad de destrozar nada, que los enfados no pudieran desgastar, que el miedo no tuviera ni un solo hueco.
Siempre tendré dudas, siempre tendré miedo y nunca estaré segura de nada. Pero siempre iré pisando fuerte.
No me gusta tener miedo, porque no me gusta quedarme paralizada, sin palabras, sin la frase exacta para cada instante. Me entran ganas de gritar, eso es, gritar, gritar lo más fuerte que mi voz pueda, hasta quedarme sin aliento. Y me daría igual, porque ya estaría dicho todo eso que queda por decir.
Es complicado encontrar el equilibrio perfecto entre dos personas, un equilibrio necesario entre sus gustos y los tuyos, entre tus miedos y los que él no tiene, entre tu risa y su enfado, entre tu enfado y su risa. A veces estaría bien que todo fuese más sencillo, que la rutina no tuviera la posibilidad de destrozar nada, que los enfados no pudieran desgastar, que el miedo no tuviera ni un solo hueco.
Siempre tendré dudas, siempre tendré miedo y nunca estaré segura de nada. Pero siempre iré pisando fuerte.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Más le vale al destino. Y a ti.
Morirme de ganas de que mañana aparezcas tú. Llevar 2 semanas contando los días que faltan. Espero con todas mis fuerzas haberte pillado con las manos en la masa y estar en lo cierto pensando que mañana estarás tú donde siempre. Tenerlo todo calculado, haberlo pensado, atado, apuntado... Espero no haberme equivocado. Porque sino... no sé qué pasará.
domingo, 7 de agosto de 2011
YA.
Quiero saber de ti. Quiero tenerte en mi cama. Quiero compartir una pizza, una coca-cola, un bocata. Quiero tenerte cerca. Quiero morderte, pegarte, abrazarte. Quiero oír tu voz, sentir tu aliento, tocar tu piel. Quiero escaparme, quejarme, reprocharte. Quiero convencerte, mirarte, atraparte. Quiero que seas mío. Quiero enfadarte. Quiero besarte. Quiero tenerte sentado a mi lado. Quiero estar en el césped. En definitiva, quiero que vuelvas. Quiero que vuelvas pronto.
miércoles, 27 de julio de 2011
Sin que se vaya.
- Estas cosas son las que te harán fuerte más adelante.
+ Pues no quiero, no quiero ser más fuerte. Me quiero quedar así ¿Que soy débil? Pues vale, pero está a mi lado.
+ Pues no quiero, no quiero ser más fuerte. Me quiero quedar así ¿Que soy débil? Pues vale, pero está a mi lado.
miércoles, 20 de julio de 2011
Hablar.
Me gustan las palabras, adoro el placer de hablar, de encontrar la palabra adecuada para cada momento y decirla, y que todo pueda cambiar gracias a ese conjunto de letras. Me gusta mirar a los ojos y poder decir lo que pienso, lo que siento, sin tapujos, sin nada que me frene, sin que me cohiba.
domingo, 17 de julio de 2011
Te quiero.
Te quiero cuando cantas. Te quiero cuando duermes. Te quiero por las mañanas cuando estás siempre cansado. Te quiero cuando me miras y sonríes. Te quiero cuando te enfadas. Te quiero cuando me sorprendes. Te quiero cuando nos peleamos. Te quiero cuando te inventas mil maneras de hacerme sonreír. Te quiero cuando pienso en cuánto te echaré de menos. Te quiero cuando me abrazas. Te quiero cuando piensas en voz alta cómo sería un futuro juntos. Te quiero cuando te haces el duro. Te quiero por las tardes cuando estamos en el césped. Te quiero yendo de la mano a cualquier parte. Te quiero cuando te tengo en mi cama. Te quiero cuando me meto en la rtuya. Te quiero ahora y siempre.
lunes, 4 de julio de 2011
Dolor profundo, imparable, que arrasa con todo. Y más dolor. Y lágrimas. Y todavía más dolor. Y sientes como todo se te escapa de los dedos. Y tienes una fecha límite y 40 días que caben en una lámina DIN-A3. Y 50 promesas y un intento de sorpresa. Y 2 rosas secas y ropa con su olor. Y miedo. Mucho miedo. Porque quizá no tienes ni siquiera la oportunidad, porque no sabes como se supone que se le tiene que decir adiós a quien tanto quieres, porque no sabes cómo se sigue adelante después de eso, porque no sabes cómo puede ser, no sabes por qué pasa esto. Y ojalá pudieras hacer algo, ojalá tuvieras más tiempo o la certeza de un retorno cercano... Ojalá.
miércoles, 29 de junio de 2011
Un món nou.
De vegades un somni, unes petites hores de fantasia superen quasevol realitat. De vegades imaginar que vius a un matalàs que ni tan sols es teu pot fer-te la persona més feliç de l'univers. Perque és més fàcil pensar que cada matí apareixerà amb una palmera de xocolata, és més fàcil pensar que seguirà rient-se de tu tots els dies, és més fàcil pensar que et podràs seguir resistint durant uns minuts per al final renunciar i entregar-te cada vegada que entris a la seva habitació.
I m'agrada tant la vida vista des d'aquí, m'agrada tant passar aquests matins i disfrutar de cada de segon, de cada paraula que em diu, a mi, només a mi. M'agrada tant que prefereixo seguir somniant, perque la vida al seu costat és sempre millor.
I m'agrada tant la vida vista des d'aquí, m'agrada tant passar aquests matins i disfrutar de cada de segon, de cada paraula que em diu, a mi, només a mi. M'agrada tant que prefereixo seguir somniant, perque la vida al seu costat és sempre millor.
lunes, 25 de abril de 2011
Felicitat.
Feliç qui té una esquena nua on instal•lar el seu món i pot il•luminar-lo amb cada un dels records dolços que té, qui amb un petó és capaç de donar sentit a tota una vida i amb una paraula d'amor posar-li banda sonora. Feliç qui pot recordar aquella olor de l'altre costat del coixí tota la vida, qui sent el tacte de cada un dels seus dits i qui en cada un dels seus redords té el seu somriure, tan pur, tan seu. Feliç qui és capaç de perdona qualsevol error a canvi d'una estona al seu costat, qui pot volar, riure, botar, qui pot viure sense cap altra preocupació, només la de gaudir de cada instant al màxim. Feliç qui no es retgira de saber que hi haurà un final, sinó que ho aprofita com a excusa per riure encara més al seu costat i qui no te por d'equivocar-se, de fallar, perquè sap que tot el que fa és estimat. Feliç qui pot tranquilitzar-se passejant els dits sobre el seu cos que és un pot teu i un poc d'una altra, qui pot mirar-lo als ulls i ja tenir informació suficient, qui pot amagar la cara entre el matalàs i la seva espatlla. Feliç qui estima.
jueves, 10 de marzo de 2011
23:37 de la noche, un café en el cuerpo, encima de la mesa problemas, fórmulas, explicaciones, flechas, fosforitos, bolis y cuatro páginas de literatura catalana. No tengo sueño, tampoco ganas de ir a dormir. Siento que me vuelvo pequeña y que el mundo se vuelve grande y pesa, pesa mucho sobre la espalda. Y todo gira y gira y gira, muy deprisa, demasiado. Cóctel de recuerdos en mi cabeza. Recuerdos y 1ª guerra mundial. Recuerdos y V = G · T. Recuerdos y las vanguardias. Recuerdos y la oración sustantiva. Recuerdos y la circunferencia goniométrica. Recuerdos y Romeo y Julieta. Recuerdos y un "Mamá, es que no me siento bien". Recuerdos y una pelea. Recuerdos y él. No, él no. Él ya no. O eso espero. Recuerdos y ¡bum! un susto. Y otra vez se forma un cóctel en mi cabeza. Y ahora todavía soy más pequeña, vulnerable, estoy desprotegida y me cubro con el pelo la cara y con ese simple gesto me encierro en mi misma. No, Laura no. Sácalo, todo fuera. Y lloro. Lloro de pena, de rabia, de impotencia. Lloro de desilusión, de miedo, de soledad. Lloro de agobio, de estar perdida, completamente perdida. Así mejor, todo está fuera y no pasa nada. Vuelvo a estar desprotegida, incluso más que antes, pero esta vez no me escondo, no me tapo, no me cierro. Me quedo así. Y qué diferente se ve ahora todo, qué distinto. Pero sigo igual de perdida. Y de pronto me invade la sensación de estar cayendo en el vacío y me inunda el miedo y ¡pum! el suelo. La realidad.
jueves, 3 de marzo de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
Perdida.
Cuando el mundo es un lugar demasiado grande, cuando el mundo pesa sobre la espalda, cuando todo es grande, enorme, y tu eres pequeña, diminuta. Y todo sigue su curso y las personas corren ajetreadas y tú sigues parada en medio de esa masa de gente con prisa, tú estás allí sin saber qué hacer, qué decir, intentando seguir tu vida cuando ya ni siquiera es tuya. Porque no es la misma y porque la gente ha conseguido coger los mandos de esa vida, de esa vida que debería ser tuya, que debería seguir el camino que tú eliges, pero no, porque tú ya no eres tú, porque no sabes quién eres, porque no sabes qué quieres, porque pasaste de querer a odiar, dejaste de confiar y ahora echas de menos todo lo que un día tuviste, ese pequeño control que tuviste sobre tu desordenada vida. Ahora ya nada es como debería ser, nada es justo, no eres libre, no eres tú. Porque te miras en el espejo y no te reconoces, porque las lágrimas resbalan por tus mejillas empapando entera la alegría, empapando hasta las horas que van pasando, el tiempo que se te escapa de los dedos. Y vuelves a echar de menos y ya no sientes nada más que el vacío que ha dejado todo aquello que ya no tienes, que se te escapó, como se escapa ahora tu tiempo, entre los dedos. Y vuelves a echar de menos. Y vuelves a echar de menos. Y vuelves a echar de menos. Y todo da vueltas. Y el mundo pesa otra vez sobre la espalda. Y querrías correr para así sentirte libre y poder parar y sentirte cansada, sentirte viva y, a poder ser, protegida, protegida de nuevo, donde sea, como sea, con quien sea, pero protegida. Pero no puedes correr, estás atada, al pasado, a la gente, a esa que era tú y ya no eres, pero quieres ser. Y te quedas parada, en el mismo lugar de siempre, en medio de todo, otra vez, sin saber qué hacer.
martes, 25 de enero de 2011
Finales.
+ ¿Sabes lo que suelo hacer? Leer la última frase del libro que estoy empezando a leer, lo hago siempre. Es simplemente genial.
- Y, ¿si es un párrafo, largo?
+ Me leo la última frase de ese párrafo, largo.
- Pero, entonces, no tiene sentido, la frase es imposible de entender sin el resto del párrafo.
+ No, la última frase de un libro que todavía no has leído es imposible de entender. Punto. Da igual si pertenece a un párrafo, a un diálogo o si es una simple acotación. Pasa como en la realidad.
- ¿Qué?
+ Sí, por ejemplo, en una historia de amor, pero de las reales, sin "fueron felices y comieron perdices" ni rollos raros. Si tu piensas en el final, en la última frase de esa historia, que la mayoría de veces será el desamor, el dolor o alguna cosa parecida, no tiene sentido. No tiene sentido pensar en ese dolor así, sin más. Como cuando lees esa última frase del libro. Pero si vives esa historia de amor, si la disfrutas, si eres feliz por el tiempo que sea (unos días, unos meses o años), cuando estás viviendo esa última frase y te acuerdas de cuando pensaste en ella y no tenia ningún sentido, te das cuenta de que sí lo tiene, pero necesitabas ese tiempo de felicidad para poder entenderlo.
Es una buena manera de darse cuenta de que las cosas no son blancas o negras, sino que depende desde donde las mires.
Un adiós, una acotación explicando que alguien sufre, el claro final de una relación, un te odio... no tienen sentido cuando los lees sin saber nada de lo que ha pasado antes. Pero pasa igual con un te quiero, un te lo prometo, una acotación que explica que dos enamorados se fugan juntos..., eso tampoco tiene sentido sin todos los momentos anteriores.
No importa como termine un libro, lo importante es la historia que has estado leyendo hasta el último punto final. A veces, sólo por la historia, por las sensaciones que esta te ha transmitido, vale la pena que haya un final triste.
- Y, ¿si es un párrafo, largo?
+ Me leo la última frase de ese párrafo, largo.
- Pero, entonces, no tiene sentido, la frase es imposible de entender sin el resto del párrafo.
+ No, la última frase de un libro que todavía no has leído es imposible de entender. Punto. Da igual si pertenece a un párrafo, a un diálogo o si es una simple acotación. Pasa como en la realidad.
- ¿Qué?
+ Sí, por ejemplo, en una historia de amor, pero de las reales, sin "fueron felices y comieron perdices" ni rollos raros. Si tu piensas en el final, en la última frase de esa historia, que la mayoría de veces será el desamor, el dolor o alguna cosa parecida, no tiene sentido. No tiene sentido pensar en ese dolor así, sin más. Como cuando lees esa última frase del libro. Pero si vives esa historia de amor, si la disfrutas, si eres feliz por el tiempo que sea (unos días, unos meses o años), cuando estás viviendo esa última frase y te acuerdas de cuando pensaste en ella y no tenia ningún sentido, te das cuenta de que sí lo tiene, pero necesitabas ese tiempo de felicidad para poder entenderlo.
Es una buena manera de darse cuenta de que las cosas no son blancas o negras, sino que depende desde donde las mires.
Un adiós, una acotación explicando que alguien sufre, el claro final de una relación, un te odio... no tienen sentido cuando los lees sin saber nada de lo que ha pasado antes. Pero pasa igual con un te quiero, un te lo prometo, una acotación que explica que dos enamorados se fugan juntos..., eso tampoco tiene sentido sin todos los momentos anteriores.
No importa como termine un libro, lo importante es la historia que has estado leyendo hasta el último punto final. A veces, sólo por la historia, por las sensaciones que esta te ha transmitido, vale la pena que haya un final triste.
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