jueves, 10 de marzo de 2011

23:37 de la noche, un café en el cuerpo, encima de la mesa problemas, fórmulas, explicaciones, flechas, fosforitos, bolis y cuatro páginas de literatura catalana. No tengo sueño, tampoco ganas de ir a dormir. Siento que me vuelvo pequeña y que el mundo se vuelve grande y pesa, pesa mucho sobre la espalda. Y todo gira y gira y gira, muy deprisa, demasiado. Cóctel de recuerdos en mi cabeza. Recuerdos y 1ª guerra mundial. Recuerdos y V = G · T. Recuerdos y las vanguardias. Recuerdos y la oración sustantiva. Recuerdos y la circunferencia goniométrica. Recuerdos y Romeo y Julieta. Recuerdos y un "Mamá, es que no me siento bien". Recuerdos y una pelea. Recuerdos y él. No, él no. Él ya no. O eso espero. Recuerdos y ¡bum! un susto. Y otra vez se forma un cóctel en mi cabeza. Y ahora todavía soy más pequeña, vulnerable, estoy desprotegida y me cubro con el pelo la cara y con ese simple gesto me encierro en mi misma. No, Laura no. Sácalo, todo fuera. Y lloro. Lloro de pena, de rabia, de impotencia. Lloro de desilusión, de miedo, de soledad. Lloro de agobio, de estar perdida, completamente perdida. Así mejor, todo está fuera y no pasa nada. Vuelvo a estar desprotegida, incluso más que antes, pero esta vez no me escondo, no me tapo, no me cierro. Me quedo así. Y qué diferente se ve ahora todo, qué distinto. Pero sigo igual de perdida. Y de pronto me invade la sensación de estar cayendo en el vacío y me inunda el miedo y ¡pum! el suelo. La realidad.

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