Te veo ahí, tirado, con el mando en las manos y gritandole a la tele y como de vez en cuando te tranquilizas y apartas la vista de ella para encontrarme a mí, sentada en la mesa, concentrada en mis letras y mis palabras, y te piensas que no sé que me estás mirando y sonries, y me gusta pensar que lo haces porque me consideras tu sueño.
Te veo aquí, más cerca, con tus guantes y unas pesas en las manos que deben pesar más que yo. Y te miro, y estoy segura de que no eres consciente, y yo te sigo observando, te miro levantar y bajar el brazo y resoplar, y no voy a decir que es bonito, pero diré que ese tipo duro a veces me conquista un poco más.
Me ves aquí a tu lado, me he tumbado, ya sabes que no me encuentro bien, a veces me miras de reojo, a veces no disimulas y me sonries con esa sonrisa tan tremendamente bonita, a veces interrumpes tus pesas para darme un simple beso que apenas roza mis labios, pero esa es la mejor medicina que podrías darme.
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