viernes, 4 de febrero de 2011
Perdida.
Cuando el mundo es un lugar demasiado grande, cuando el mundo pesa sobre la espalda, cuando todo es grande, enorme, y tu eres pequeña, diminuta. Y todo sigue su curso y las personas corren ajetreadas y tú sigues parada en medio de esa masa de gente con prisa, tú estás allí sin saber qué hacer, qué decir, intentando seguir tu vida cuando ya ni siquiera es tuya. Porque no es la misma y porque la gente ha conseguido coger los mandos de esa vida, de esa vida que debería ser tuya, que debería seguir el camino que tú eliges, pero no, porque tú ya no eres tú, porque no sabes quién eres, porque no sabes qué quieres, porque pasaste de querer a odiar, dejaste de confiar y ahora echas de menos todo lo que un día tuviste, ese pequeño control que tuviste sobre tu desordenada vida. Ahora ya nada es como debería ser, nada es justo, no eres libre, no eres tú. Porque te miras en el espejo y no te reconoces, porque las lágrimas resbalan por tus mejillas empapando entera la alegría, empapando hasta las horas que van pasando, el tiempo que se te escapa de los dedos. Y vuelves a echar de menos y ya no sientes nada más que el vacío que ha dejado todo aquello que ya no tienes, que se te escapó, como se escapa ahora tu tiempo, entre los dedos. Y vuelves a echar de menos. Y vuelves a echar de menos. Y vuelves a echar de menos. Y todo da vueltas. Y el mundo pesa otra vez sobre la espalda. Y querrías correr para así sentirte libre y poder parar y sentirte cansada, sentirte viva y, a poder ser, protegida, protegida de nuevo, donde sea, como sea, con quien sea, pero protegida. Pero no puedes correr, estás atada, al pasado, a la gente, a esa que era tú y ya no eres, pero quieres ser. Y te quedas parada, en el mismo lugar de siempre, en medio de todo, otra vez, sin saber qué hacer.
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Cuando el mundo es un lugar demasiado grande, cuando el mundo pesa sobre la espalda, cuando todo es grande, enorme, y tu te sientes pequeña, diminuta. Y todo sigue su curso y las personas corren ajetreadas y tú sigues parada en medio de esa masa de gente con prisa, tú estás allí observando, intentando comprender tu vida cuando ya ni siquiera la sientes tuya.
ResponderEliminarPorque no te sientes la misma y porque ves que la gente te empuja a seguir un camino que debería ser el camino que tú eliges, ahora sientes que tú ya no eres tú, porque no sabes quién eres, porque no sabes qué quieres, pasaste de querer a odiar, de confiar a desconfiar...y es que en el fondo eres humana.
Pero volverás, volverás a ser tu porque conoces el rostro del amor, porque supistes amar volverás a confiar, recuperarás todo lo que un día tuviste, serás la dueña de tu vida una vez mas.
Entonces todo será como debe ser, la justicia volverá a tu vida, serás libre, serás tú. Y te
mirarás en el espejo y te verás a tí, y las lágrimas no resbalarán por tus mejillas empapando entera la alegría, será la felicidad la que te inundará por completo. Ya no volverás a echar de menos, ya no sentirás el vacío que dejó aquello que una vez creistes perder, porque siempre estuvo en tí, ya no volverás a echar de menos. Todo estará en su sitio como siempre quisistes que estuviera. Y el mundo pasará a tu alrededor lleno de colores. Y podrás correr y sentirte libre y poder parar y sentirte cansada, nada te faltará y tanto te sobrará que hasta regalarás, ya no necesitarás que te protejan, serás tu el manto que ilumine las vidas de los demás.