Los días han pasado entre comprobaciones y intentos de entender esta metamorfosis tuya que me trae un poco loca. No estoy segura de cuantas semanas has necesitado. Ni siquiera sé si las semanas se han convertido en meses. Pero ese que eras tú ha desaparecido en alguno de esos recobecos donde antes solíamos escondernos. Todavía no comprendo demasiado esta manera de ser tuya, de ahora, a la que debería llamar mariposa, empiezo a sospechar que, como siempre, has ido al revés y no eres más que una simple oruga, tan vulgar, tan poco pícara.
No creas que pocas veces me he preguntado el por qué de esa tontería, la mía, y puedo asegurarte que muchas veces me ha costado poco encontrar razones que me expliquen esa mirada tonta que solía llevar de complemento. Créeme que no te miento si te digo que entre los rescoldos de alguno de aquellos miedos, he pasado pequeñas y largas horas buscandote, intentando encontrar, aunque fuera, un pequeño rayo de luz, de esos que rebotaban en tu sonrisa.
Supongo que con tu nueva vida eres feliz, eres eso que algún día te epeñaste en que querías ser. Sabes algo de guitarra y, a veces, incluso cantas, supongo que de esa manera que a mí tanto me conmovía. Sales con gente nueva, gente que no sabe de armas ni de servicios militares y que, según lo que me has dicho, deduzco que debe saber poco del idioma que hablan los fuertes, los malos. Recuerdo que no hace mucho te comenté que el pasado, por mucho que sea pasado, no desaparece ni de nuestras vidas ni de nuestra huella. No he cambiado de opinión: somos eso que hicimos, todo lo que sentimos y cada una de las cicatrices que llevamos marcadas en la piel. Tu pasado no es el mío y siento decirte, aunque te duela, que es algo que vas a llevar siempre sobre la espalda. Cuando envejecemos, a pocos se nos nota, pero muchos andamos, en el fondo, algo encorbados por exceso de daños.
Después de pocos días y demasiadas noches, de esconder esa parte tuya, que es mía, en cajas de madera, de releer tus notas y las mías, éste sentimiento y tú, puedo decir por fin, os habéis convertido en recuerdo. No voy a negarte que algunas noches, algunas mañanas y algunas sábanas me provocan cierta nostalgia de ti, pero de ti conmigo. No voy a tratar a este pequeño olvido como una catástrofe, al fin y al cabo no olvido a aquella mariposa que me hizo feliz, sólo a esta oruga pequeña y decaída, con algo más de ilusión de corto alcance, pero con menos vida que pintar. Reconozcamos, sin rencor, sin orgullo y sin miedo, que yo, pequeño motor de tu alegría, me he centrado ya demasiado en otras sonrisas.
#OleelstextosdenaLaura jajaja Perquè vegis que fins i tot me molest en posar-te qualque comentari aquí lelele =)
ResponderEliminar