miércoles, 16 de mayo de 2012

Segunda carta sin alas.

No estás aquí y me miras, yo sé que me miras. Me empeño en pensar que me vea, aunque sea, todavía dibujada en tu retina. Y con algo más de intuición que de certeza, yo adivino que me ves cruzar esa calle, doblar una esquina y tú... tú simplemente soríes con esa luz tuya qye me mantiene viva.
Aunque te mantengas más desaparecido que ausente, ausente como antes, sigo intentando encontrar la manera de imaginarte de la forma correcta para que 'desaparecer' deje de existir en tus vidas. "Existimos porque alguien nos imagina" dicen. Yo nunca he dejado de imaginarte. Imaginarte tierno, bueno y fiel. Imaginarte duro, áspero. Imaginarte aquí, cerca, nada más. Y, después de todo, tú sigues perdido entre esa maraña de dudas, de miedos sin reconocer, de obstáculos que tu mismo te pones, mientras yo me he quedado aquí, un escalón por encima para poder ver y, sobretodo, mirar; admirar las maravillas que tú ni eres capaz de soñar que existen, pero que están aquí, justo delante de mis ojos.
Tú siempre tan esquivo, tan animal, tan poco humano. Yo siempre tan mágica, tan ligera, tan errónea. Y juntos formamos una especie de fenómeno sobrenatural que nos mantuvo vivos durante algunos meses. Y ahora tan lejos de tus manos, huyendo de mis expectativas, tengo la suerte de sentirme todavía más viva que en tiepos pasados que se supone que siempre fueron mejores. Ahora perdida en mis laberintos de muchas armas y algunas letras, en mis laberintos de fuerzas, de miedos y de todo eso que ando buscando mientras intento descubrirme a mí misma... ahora sé que mi lugar no está junto al de alguien que sacrifica su mundo; alguien que sacrifica las maravillas del mundo para quedarse con sus desastres, con sus lluvias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario