sábado, 27 de febrero de 2010
Me he sentido sola en medio de cientos de personas y acompañada estando sola. Me he sentido triste rodeada de felicidad y feliz rodeada de tristeza. Me he sentido libre entre rejas y aprisionada en medio del vacio, pero me sentí acompañada, feliz y libre encerrada entre cuatro paredes, cuatro paredes que delimitaban los límites de mi mundo, ese mundo que yo misma había creado, con mis sueños, mis sentimientos, mis pensamientos... El mundo donde perdí todo mi miedo, el mundo donde volví a querer, donde soñé, donde reí y el mundo al cual ahora no puedo volver. Se quedó allí, en medio de esa casa, se quedó encerrado, aislado de todo. No importaba el volumen de mi música, en el exterior nunca se oia, no había horarios de acostarse ni de levantarse, no había normas desagradables ni gritos ni interrogatorios de policía. Era perfecto, todo lo que yo quería: montones de hojas, lápices, una minicadena, dos camas, un espejo perfecto, un armario enorme, una mesa y un ordenador. Todo lo que necesitaba estaba allí, bastaba con entrar por esa puerta para sacar mi sonrisa, no niego que allí también llore, porque sí que lo hice, lloré mucho, pero allí empecé mi vida de nuevo, allí me tomaba mi respiro, allí llegaba con cara de loca, allí soñaba e imaginaba momentos, allí me autoconvencí de que podía hacerlo y lo hice. Siempre será mi mundo y, como mío, también será siempre suyo.
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