domingo, 28 de septiembre de 2014

Pero yo ya lo sabía.

De pronto vuelves, aunque dijiste que no lo harías, que yo debía dar el primer paso. Pero claro, yo no estoy ni para levantar un pie del suelo. Y tú me dices que estás espeso y me encanta pensar que es porque no me tienes contigo, ¿qué le voy a hacer si me pueden más las ganas que la pena?
La verdad es que no he descubierto nada nuevo, yo hace tiempo que sé que no puedo vivir sin ti, pero ahora compruebo lo dificil que se hace cada segundo que pasa sin sentirte cerca, sin sentirte mío.
Ahora comprendo lo que me permitía poder seguir aquí, seguir levantándome por las mañanas: tú. Y ahora ya no estás. Y yo le suplico al cielo que vuelvas, que no sepas ordenarte la vida sin mí, que necesites mi ruido.
Ahora que el teléfono ya forma parte de mi mano y las ojeras de mí cara, me invade el miedo de pensar que quizá tú puedes dormir ahora mejor, que te sale rentable ahorrar batería y palabras. Yo me muero de miedo sólo de pensar que prefieres el silencio, la tranquilidad, las noches cortas, las mañanas largas, la cama fría, los platos limpios, la cama sin hacer... La vida sin mí.

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